Epigenética del trauma · Investigación en curso

Embarazadas durante la pandemia COVID-19

Werchan et al. (Pediatric Research 2023) y Provenzi et al. (MOM-COPE Italia 2022) han empezado a documentar lo que el aislamiento, el miedo y la infección por SARS-CoV-2 dejaron en los hijos de mujeres embarazadas durante 2020-2022. Una réplica involuntaria del estudio Yehuda del 11-S, en escala global. Lo que la ciencia empieza a saber y lo que aún investiga.

Daniela Giraldo 11 min de lectura COVID-19 · Pandemia · Embarazadas · Werchan · MOM-COPE
Mujer embarazada con mascarilla mirando por la ventana de su casa en confinamiento, con plantas verdes y luz suave, símbolo de los millones que gestaron durante una pandemia mundial.
Una pandemia, millones de embarazos, una cohorte mundial involuntaria Entre marzo de 2020 y mediados de 2022, decenas de millones de mujeres embarazadas en el mundo vivieron un confinamiento global con miedo, aislamiento social, incertidumbre médica y, en muchos casos, infección directa por SARS-CoV-2. La ciencia ha empezado a medir las consecuencias.

El 11 de marzo de 2020, la Organización Mundial de la Salud declaró pandemia por SARS-CoV-2. En las semanas siguientes, gobiernos del mundo entero impusieron confinamientos masivos. Para finales de 2021, más de 280 millones de personas habían sido oficialmente infectadas por COVID-19 (cifras reales probablemente varias veces mayores). Entre 50 y 70 millones de muertes globalmente, según estimaciones del exceso de mortalidad. Y, en medio de todo eso, varios millones de mujeres en todo el mundo transitaron su embarazo en condiciones que ninguna generación reciente había experimentado.

Algunas fueron infectadas durante el embarazo. Muchas más vivieron el confinamiento, la pérdida de empleo, el miedo a contagiar a sus padres, el duelo de familiares fallecidos, el aislamiento de las redes de apoyo tradicionales. Las consultas prenatales se redujeron, las cesáreas aumentaron, las acompañantes fueron prohibidas en partos, y un porcentaje significativo de bebés nació en hospitales saturados o, al contrario, en hogares por miedo a infectarse en el sistema sanitario.

Lo que pasó en esos cuerpos —en las madres y, especialmente, en los hijos que estaban formándose dentro de ellas— es una de las cohortes naturales más grandes que la ciencia tendrá oportunidad de estudiar en las próximas décadas. Este artículo cuenta lo que la ciencia ha empezado a documentar hasta 2024-2025.

El paralelo con el estudio del 11-S

La estructura del experimento natural pandemia/embarazadas es asombrosamente similar a lo que Rachel Yehuda estudió en 2005 con las 38 embarazadas neoyorquinas expuestas al atentado del 11 de septiembre de 2001. En ambos casos:

  • Mujeres embarazadas viven un evento extremo de estrés agudo y prolongado.
  • Algunas desarrollan PTSD, depresión o ansiedad clínica; otras se adaptan mejor.
  • Los bebés gestados durante el evento crecen en hogares atravesados por las consecuencias.
  • Los seguimientos longitudinales permiten medir efectos en los hijos años después.

La diferencia de escala es enorme: el 11-S afectó a las embarazadas del sur de Manhattan; la pandemia afectó a las embarazadas de todo el planeta. La oportunidad científica es proporcional. Y los primeros resultados ya están llegando.

El estudio Werchan 2023 — NYC

Una de las primeras publicaciones científicas de primer nivel que vale la pena conocer es: Werchan DM, Hendrix CL, Hyde LW, et al. "Effects of prenatal psychosocial stress and COVID-19 infection on infant attention and socioemotional development." Pediatric Research 2023. DOI: 10.1038/s41390-023-02807-8. PubMed 37752245.

El equipo de Werchan, Hendrix y Hyde reclutó a 167 madres en Nueva York que gestaron durante la pandemia (entre marzo de 2020 y enero de 2023). De ellas:

  • 50 fueron diagnosticadas con COVID-19 durante el embarazo.
  • 117 no se infectaron (controles dentro de la misma cohorte pandémica).
  • Todas las madres completaron evaluaciones validadas de depresión, ansiedad y síntomas de PTSD durante el embarazo.
  • Los bebés fueron evaluados a los 6 meses con pruebas estandarizadas de atención (eye-tracking, paradigmas de orientación visual) y a los 12 meses con evaluaciones de desarrollo socioemocional.

Hallazgos principales:

  • El estrés psicosocial prenatal materno (independientemente de si la madre se infectó o no) se asoció con menor atención sostenida en los bebés a los 6 meses.
  • La infección por COVID-19 durante el embarazo se asoció con diferencias modestas pero detectables en algunos marcadores socioemocionales infantiles.
  • Los efectos del estrés psicosocial fueron generalmente mayores que los efectos de la infección directa por COVID-19. Es decir: la condiciones del confinamiento y el miedo afectaron más que el virus mismo, biológicamente hablando.

El estudio replica conceptualmente el paradigma Yehuda 2005: el estrés materno gestacional, mediado por cortisol y otros mecanismos endocrinos, afecta el desarrollo neuroconductual del bebé y se puede medir en los primeros años de vida.

El estudio Provenzi 2022 — MOM-COPE Italia

Aún más prometedor desde la perspectiva epigenética es el proyecto MOM-COPE liderado por Livio Provenzi y su equipo en la región de Lombardía, Italia —epicentro de la primera ola pandémica europea—. La referencia: Provenzi L, Mambretti F, Villa M, et al. "Hidden pandemic: COVID-19-related stress, SLC6A4 methylation, and infants' temperament at 3 months." Scientific Reports 2022. PMC9046811.

El equipo reclutó 108 díadas madre-bebé en el norte de Italia entre abril y septiembre de 2020 (es decir, durante el confinamiento más estricto del mundo en ese momento, con Bérgamo y la Lombardía como zona cero europea). El estudio midió:

  • Estrés relacionado con COVID-19 autorreportado por las madres durante el embarazo.
  • Metilación del gen SLC6A4 (gen del transportador de serotonina, regulador clave del ánimo y la respuesta al estrés) en muestras de células bucales del recién nacido a las 6-12 horas posparto.
  • Evaluación del temperamento del bebé a los 3 meses (escalas validadas).

Hallazgos:

  • El estrés materno COVID-relacionado se asoció con hipermetilación de varios sitios CpG del gen SLC6A4 en el recién nacido.
  • Esa metilación alterada se asoció, a su vez, con perfiles de temperamento del bebé a los 3 meses (mayor reactividad emocional negativa, menor capacidad de auto-regulación).

Es uno de los primeros estudios publicados en revistas científicas de primer nivel que documentan, en una población amplia, el mecanismo epigenético específico que conecta estrés prenatal pandémico con desarrollo neonatal alterado. Es la pieza biológica que faltaba en Werchan.

Lo que las familias que gestaron durante la pandemia pueden hacer ahora

Si transitaste un embarazo durante la pandemia (especialmente entre marzo de 2020 y mediados de 2022) y notas algunas particularidades en tu hijo/hija, conviene saber tres cosas:

Uno: la mayoría de los niños están perfectamente bien. Los efectos detectados en los estudios son modestos a nivel poblacional, no diagnósticos individuales. La mayoría de los bebés nacidos durante la pandemia están desarrollándose dentro de la normalidad esperable.

Dos: el ambiente postnatal compensa. Vínculos seguros, juego, lectura, comunidad estable, atención pediátrica regular, intervención temprana si aparecen alertas —todo eso construye resiliencia. Y el trabajo sistémico-constelativo con los padres acompaña ese proceso mirando lo que ellos cargaron durante la pandemia y soltando lo que no le pertenece al hijo.

Tres: hay señales que conviene atender con un profesional. Si tu hijo/hija muestra retrasos significativos del lenguaje, dificultades sostenidas de atención escolar, regulación emocional desafiante o ansiedad significativa, una evaluación profesional (pediatra de desarrollo, neuropsicología infantil, terapeuta del desarrollo) es totalmente apropiada. Mejor evaluar y descartar que ignorar.

Lo que el trabajo sistémico puede acompañar

Una constelación familiar fenomenológica puede acompañar (no sustituir) el proceso emocional de:

  • Madres que vivieron la pandemia embarazadas y siguen procesando el aislamiento, el miedo, la falta de acompañamiento que les correspondía.
  • Familias que perdieron a alguien por COVID durante esa gestación.
  • Niños y niñas pandémicos que ahora tienen 2-5 años y muestran necesidades de regulación emocional adicional.
  • Procesos de duelo postergados durante el confinamiento (entierros virtuales, despedidas que no fueron).

Como siempre, en paralelo con el cuidado médico-psicológico que la familia necesite, no como reemplazo.

Cierre — la cohorte mundial que está creciendo

Los bebés gestados durante la pandemia COVID-19 son ya niños y niñas de 3, 4 y 5 años a fecha de 2026. Crecerán durante las próximas tres décadas siendo, sin haberlo pedido, una de las cohortes longitudinales más estudiadas de la historia de la salud humana. Lo que nos enseñen sobre cómo el ambiente intrauterino moldea el desarrollo infantil contribuirá a comprender mejor toda la transmisión transgeneracional del estrés materno, desde el Holocausto hasta Ruanda y desde el Holodomor hasta el 11-S.

Para las familias concretas que gestaron en esos meses, la promesa es doble: la ciencia los está tomando en serio, y al mismo tiempo, sus hijos están bien atendidos por la mejor crianza postnatal posible. Las dos cosas, en paralelo, hacen un camino digno para una generación que llegó al mundo en condiciones excepcionales.

Da el siguiente paso

Si gestaste durante la pandemia

La mayoría de los niños pandémicos están bien. Si hay alertas, evaluación profesional temprana. Acompañamiento sistémico opcional para procesar lo que esa gestación tuvo de excepcional.

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