El trauma complejo o C-PTSD (Complex Post-Traumatic Stress Disorder) es un cuadro clínico formulado por la psiquiatra Judith Herman en su libro Trauma and Recovery (1992). Describe el resultado psíquico de exposición prolongada a abuso, negligencia o relaciones disfuncionales severas —especialmente en la infancia—, distinto del TEPT clásico que resulta de eventos traumáticos puntuales.
Diferencia con TEPT: el TEPT clásico (PTSD, Post-Traumatic Stress Disorder) resulta de eventos traumáticos puntuales (accidente, violencia, desastre). El C-PTSD resulta de exposición crónica a situaciones traumáticas en contextos de cautiverio relacional —víctimas de abuso infantil prolongado, prisioneros de guerra, sobrevivientes de violencia doméstica de larga duración, niños criados en disfunción severa—.
Síntomas distintivos del C-PTSD (además de los del TEPT): alteración profunda de la regulación emocional, alteraciones de la identidad y autoimagen, dificultades crónicas en relaciones, alteraciones en la atención y la conciencia (disociación crónica), sistemas de creencia rígidos sobre sí mismo y los demás, somatización persistente.
Reconocimiento oficial: el C-PTSD fue incluido en la CIE-11 (clasificación internacional de la OMS, 2018) como diagnóstico distinto. La APA (DSM-5) aún no lo separa formalmente del TEPT, aunque la mayoría de la literatura clínica reconoce la distinción.
Relevancia para el campo transgeneracional: descendientes de víctimas de trauma severo (Holocausto, dictaduras, genocidios, violencia familiar masiva) muestran a menudo perfil de C-PTSD aunque no hayan vivido directamente el trauma original. La transmisión opera vía vínculo y vía epigenética. El abordaje requiere fases terapéuticas específicas: estabilización somática, procesamiento del trauma, integración relacional.
Bibliografía
- El cuerpo lleva la cuenta — Bessel van der Kolk. Eleftheria, 2015.
Estos libros están en la biblioteca de referencia que nutre Constelando el Origen.
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